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Por:Mons. Ricardo Tobón Restrepo, Arzobispo de Medellín

 

El Concilio Vaticano II ha señalado el valor y la importancia de la homilía, mostrando su carácter litúrgico. En efecto, ella tiene un puesto específico dentro de la celebración de los santos misterios y está destinada a que el pueblo de Dios pueda participar en ellos de una manera más consciente y fructuosa. No conviene, entonces, pensar en la homilía por sí misma, como una pieza de oratoria, desarticulada de la Palabra de Dios y de la experiencia espiritual que vive la asamblea congregada para el culto divino.

En el Sínodo de los Obispos sobre la Eucaristía (2005) y en el que se tuvo sobre la Palabra de Dios (2008) se ha pedido poner el mayor empeño en preparar y realizar adecuadamente la homilía. En el primero se decía que en la homilía debían resonar, a lo largo del año, los grandes temas de la fe y de la vida de la Iglesia. Las conclusiones del segundo, recogidas en la Exhortación “Verbum Domini” del Papa Benedicto XVI, señalan que predicar adecuadamente de acuerdo con la Palabra es “realmente un arte que debe ser cultivado” y se pide la elaboración de un Directorio, para que los predicadores tengan una ayuda útil para este ministerio.

El Papa Francisco,  en su Exhortación "Evangelii Gaudium'', trata ampliamente, en 25 puntos, el tema de la homilía. Concretamente afirma: “El valor especial que tiene la homilía deriva de su contexto eucarístico y hace que ella supere cualquier catequesis, siendo el momento más alto del diálogo entre Dios y su pueblo, antes de la comunión sacramental” (EG 137). Y añade: “La homilía no puede ser un espectáculo de entretenimiento, no responde a la lógica de los recursos mediáticos, sino que debe dar fervor y significado a la celebración. Es un género peculiar, dado que se trata de una predicación dentro del marco de una celebración litúrgica” (EG 138).
 
De estas orientaciones surge el Directorio Homilético elaborado por la Congregación para el Culto Divino y publicado en el primer trimestre de este año. Se ocupa de responder preguntas esenciales: ¿Qué es la homilía? ¿Qué implicaciones tiene? ¿Dónde encontrar buenos contenidos? ¿Cómo articularla en la liturgia? Allí se exponen también criterios esenciales: la homilía surge de las Escrituras dispuestas por la Iglesia en el Leccionario, está vinculada a la celebración en que se proclaman esas lecturas y a los ritos que conforman esa liturgia, exige necesariamente que quien la pronuncia se prepare con la oración, el estudio, la experiencia de Dios, el conocimiento de la comunidad a la que se dirige y el amor a la Iglesia.
 
El Directorio está articulado en dos partes. La primera enfoca la homilía y su ámbito litúrgico; en ella se describe su  naturaleza, su función, el contexto en el que está situada; la interpretación que conlleva de la Palabra de Dios, la preparación próxima y remota que exige. La segunda parte, “El arte de predicar”, expone las coordinadas metodológicas y los contenidos que quien hace la homilía debe tener presentes al estructurarla; así mismo, se sugieren algunas claves de aproximación a los textos para los distintos tiempos del año litúrgico. Luego, vienen dos apéndices: el primero ofrece referencias del Catecismo de la Iglesia Católica con relación a los temas bíblicos de los domingos en los tres ciclos litúrgicos; y el segundo contiene textos del magisterio sobre la predicación.
 
Invito encarecidamente a los presbíteros y a los diáconos a estudiar y aprovechar bien el Directorio Homilético, a partir de este comienzo de un nuevo año litúrgico. Que sea una verdadera ayuda en lo que el Papa Francisco llama “una tarea tan importante que es preciso dedicarle un tiempo prolongado de estudio, oración, reflexión y creatividad pastoral” (EG 145). No olvidemos el cuidado que en ella han puesto los Padres de la Iglesia; seamos conscientes que para muchos fieles la homilía define la importancia y la eficacia de la celebración; recordemos que es el mejor momento que tenemos para la evangelización y la animación espiritual de nuestras comunidades cristianas.
 
+ Ricardo Tobón Restrepo
Arzobispo de Medellín