52     Reformular las actuales estructuras parroquiales, desde la propia renovación del párroco, para que nuestras parroquias sean de verdad “una red de comunidades y grupos, capaces de articularse logrando que sus miembros se sientan y sean realmente discípulos y misioneros de Jesucristo en comunión”. (DA 172)

Se requiere que los distintos consejos parroquiales, especialmente el Consejo de Pastoral, secunde y apoye el plan parroquial

53     Que todas las Parroquias de la Arquidiócesis se orienten hacia la “convocatoria y  formación de los laicos misioneros” (cf DA 174), de tal manera que todas ellas marchen acordes en la ejecución del plan Arquidiocesano de Nueva Evangelización, y ninguna se sienta como rueda suelta o trabajando aisladamente en detrimento de la vida cristiana de los fieles. Los vicarios Episcopales de zona tienen aquí especial relieve para animar y fortalecer.

54     Que el espíritu de la nueva Evangelización y el anuncio de la Palabra  iluminen toda la acción pastoral de la Parroquia, de tal manera que ella sea “espacio donde se recibe y acoge la Palabra, se celebra y se expresa en la adoración del Cuerpo de Cristo, y, se convierte en  la fuente dinámica del discipulado misionero” (cf. DA 172).

55     Que la Parroquia sea casa común donde todos deben estar, y los movimientos o grupos apostólicos, sean opciones donde libremente los laicos pueden participar, sin olvidar que se participa primero en la vida y misión de la Parroquia y en ella se recibe la evangelización fundamental. De igual modo, las comunidades religiosas y los institutos de vida apostólica profundamente arraigados en la labor pastoral de la parroquia se constituyen en aliados invaluables del párroco en el compromiso del anuncio del Evangelio en el terreno concreto de la parroquia en donde encuentran mejor el campo de acción para la aplicación y vivencia de los propios carismas.

56     Que el párroco, los demás sacerdotes y los religiosos, sean de verdad animadores y protagonistas activos del proceso de nueva evangelización, haciendo seguimiento continuo, formación y acompañamiento en cada una de las etapas para garantizar el mejor desarrollo del mismo. Los párrocos inspirados en el Santo Cura de Ars se deben destacar por su constancia y ejemplo de servicio de la comunidad y su especial unción en la celebración de los Sacramentos y de manera privilegiada el Sacramento del perdón.